¿Quiénes somos las Hermanas del Divino Salvador?

Somos mujeres consagradas llamadas por Dios a engrosar el número de miembros de la Familia Salvatoriana. Nuestro estilo de vida se cimienta en el Evangelio, según el carisma y la espiritualidad del venerable Padre Francisco María de la Cruz Jordán, quien en el silencio orante en el Monte Líbano comprendió que la debilidad de la fe, que vivía la gente de su tiempo, era la causa de las injusticias que negaban la igualdad y disfrute equitativo de los bienes creados por Dios. El texto Jn. 17,3: “Esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti, único dios verdadero y a tu enviado Jesucristo”, le dio la certeza de lo que faltaba a los hombres y mujeres. Dar a conocer a Dios… Ese era el quehacer urgente al que Dios le llamaba. Comprendió que esta misión requería de un verdadero ejército que dedicara su vida a conocer y hacer conocer al Señor. Se entregó a dar vida a una familia caracterizada por el conocimiento y vivencia del amor al Señor poniendo como base firme la roca de la humildad y la confianza en el Jesús Salvador.

Esta propuesta llegó al corazón inquieto de Teresa von Wüllenweber, quien encontró en ella la meta de todos sus años de intensa búsqueda del lugar que anhelaba encontrar para realizar su deseo de dar a conocer al Dios verdadero y dedicar su vida a las misiones.

El 8 de diciembre de 1888, en la pequeña población de Tívoli, cercana a Roma, Teresa y otras jóvenes llamadas por el Señor, en medio de la pobreza alegre de quien por amor a Dios entrega su vida para el bien de los demás, dieron origen, bajo la guía del Padre Jordán, a la rama femenina de una Familia llamada a la universalidad en miembros, de medios y de lugares de misión.

Pronto los jóvenes misioneros y misioneras comenzaron a desplazarse a lugares diferentes para dar a conocer al Señor: diversos países de Europa, Asia, África, América constituyeron campos fértiles para plantar la semilla de la fe. El celo misionero de Francisco Jordán abrazó América del Sur: Brasil y Colombia en el comienzo. Las Salvatorianas, llegaron definitivamente a Bogotá en noviembre de 1950.

Como fieles hijas del Carisma Salvatoriano, las Madres Bathilde Feder y Ottilia Haeckel llegaron junto con la primera Salvatoriana colombiana, Hermana Juanita Hernández (Ana Isabel). La siembra no fue fácil, pero las dificultades desaparecieron cuando chocaron con la fe y la confianza en Dios de las fundadoras, fieles hijas del Padre Jordán y de la Madre María de los Apóstoles.

Hoy, las Salvatorianas de Colombia estamos en varios lugares del país, donde trabajamos para llevar el conocimiento de Dios a través del testimonio de vida, de la alegría en el seguimiento del Señor y de la certeza de fortalecer la de nuestros hermanos y hermanas en diversos lugares, estratos sociales y estados de vida; la educación, las guarderías infantiles, la misión en lugares donde poco llegan, ningún sitio puede ser imposible para encender el fuego del amor al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo.